jueves, 1 de febrero de 2007

COMENZO LA SEGUNDA TEMPORADA DE "SER URBANO", POR TELEFE


Crónicas lejos del morbo
En su regreso, el ciclo de Gastón Pauls abordó historias fuertes, con ribetes marginales, sin el sensacionalismo del caso.
Con dos informes fuertes, duros, por momentos conmovedores y siempre orillando la demagogia, volvió Ser urbano (martes a las 23.30 —aunque el debut arrancó a las 23.18—, por Telefé). La segunda y última temporada del ciclo que produce Ideas del Sur y conduce Gastón Pauls se abrió con una incursión por Ciudad Oculta (Villa Lugano) para conocer a un grupo de madres reunidas para enfrentar el problema de sus hijos y las drogas; y otra por Rosario, para conocer a Cecilia y Manuel, dos jóvenes con síndrome de Down que están enamorados y planean casarse.

"Cuando se trata de la vida de un hijo no hay nada que detenga a una madre", reflexionó en off el conductor, mientras se internaba por los laberínticos pasillos de la pobreza y la dignidad de Ciudad Oculta. Para conocer a Perla, a Mary, a Andrea, a sus hijos, e incluso hasta para entrever, aunque más no fuera de lejos o veladamente, a los proveedores de la temible y barata "pasta base", droga que parece estar haciendo estragos entre los jóvenes.

Luego sería el turno de sobrevolar, apenas, la realidad del amor entre dos jóvenes con síndrome de Down. De conocerlos y, automáticamente, quererlos. Así, sin escalas. De conocer a sus familias, sus ilusiones y sus planes. De hablar de sexo y de matrimonio, de estudio y de trabajo, de amor y sentimientos.

En el debut, Ser urbano ganó su franja con un rating de 22 puntos, seguido por Locas de amor (Canal 13), que en su tercer capítulo marcó 15.4.

En un caso, Pauls calificó la lucha de esas madres por protejer a sus hijos de las drogas de "un ejemplo de amor y valentía", luego reconoció, a propósito de los chicos Down, que "hace mucho que no escucho a alguien con sus sentimientos tan definidos". O, redoblando su apuesta sensible, sostener que "según la sociedad son discapacitados, pero si tuviéramos tan sólo un poco de su capacidad de amar...".

Minutos antes de que comenzara Ser urbano, Chiche Gelblung se quejaba en la cotidiana mesa de la polémica de Canal 9. "Si yo muestro el amor entre dos Down, soy amarillo —sostuvo—; si lo muestra Gastón Pauls, es maravilloso". Y si bien no le falta algo de razón, se equivoca al aplicar la vara del amarillismo al tema en sí, porque lo amarillo no son los temas (más allá de que haya algunos más proclives que otros), sino la forma de tratarlos.

Si hay algo que Ser urbano no es, es justamente amarillo, porque carece de un componente esencial del género: el morbo.

De lo que no logra escapar el muy buen producto, técnicamente hablando, de Ideas del Sur es de una exasperante corrección política que, mezclada con algo de demagogia y un progresismo casi de manual, hacen de Ser urbano una muestra de marginalidad estetizante tan oportuna como tranquilizadora.




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